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AEROPUERTO DE EZEIZA CON GENTE VARADA EN LA TERMINAL

Como en la película La Terminal, hay quienes hallan allí su refugio hasta encontrar la forma de volver a casa. Por problemas en la documentación, por falta de dinero para los que transitan a diario la terminal, son conocidos como “los varados”. El informe de TN Central.

Mike vive desde hace algunas semanas en el aeropuerto internacional de Ezeiza. Sí, vive allí por tiempo indeterminado, hasta que pueda comprar su viaje de regreso a Nueva Zelanda, su país de origen. Cuenta que vino a la Argentina hace algunos meses atrás, luego de quedar desempleado en Auckland y que busca ahora reunir el dinero para comprar el pasaje de regreso.

¿Cómo transcurren sus días en el aeropuerto? ¿Cómo consigue comida? “Busco lo que sobra de las mesas”, cuenta este hombre que, según su propio relato, solía trabajar como guardia de seguridad en su país.

Como él, hay entre quienes transitan a diario los pasillos de la terminal aeroportuaria varias historias de los llamados “varados”. Como sucedía en La Terminal, la película que protagonizaba Tom Hanks, son personas que por alguna razón encuentran en ese lugar de tránsito un punto de permanencia indefinida. Por supuesto, a este grupo se suman también las personas en situación de calle que hacen del aeropuerto su hogar nocturno.

“Te doy un ejemplo de una mujer que conocimos: pudimos saber que era cantante, había venido de España. Hacía artesanías con latitas, comía con lo que nosotros le dábamos. En el último tiempo, estaba con un aspecto muy sucio y un día se la llevaron con una ambulancia a un psiquiátrico”, cuenta Verónica, empleada de una empresa de seguros de viaje. Con respecto a esta historia, Norberto Dupesso, periodista de TN y especialista en la actividad aeronáutica, explica que luego se supo que la mujer sufría de esquizofrenia.

Más allá del vértigo de las salidas y las llegadas, las colas del check-in y la actividad 24 horas de los bares del lugar, hay una cortina invisible que divide la realidad de este lugar de tránsito, de la vida que llevan allí sus habitantes nocturnos. Algunos, incluso, sufren alteraciones psiquiátricas y son ayudados por las personas que allí trabajan. Otros se incorporaron a la vida cotidiana del lugar. Tal es el caso de una abuela y su nieto, que viven desde hace algunos años en la terminal.

La situación de soledad y abandono en la que muchas de estas personas están motivó que entre los empleados surgiera la necesidad de ayudar. Así convirtieron casi en un mito de los pasillos de Ezeiza la historia de un español que quedó varado en el aeropuerto por varios meses, y que logró regresar a su país luego de que se organizara una suerte de “vaquita” para comprarle el pasaje.

“El vino para acá, se quedó sin dinero, la familia no lo ayudaba y no tenía cómo volverse a su país y todos los grupos se encargaron de juntar”, cuenta Verónica.

Y agrega: “Se ven mujeres solas, hombres grandes o perdidos. Hay personas que duermen acá arriba (en alusión a un entrepiso de la Terminal A). Uno convive con ellos y trata de ayudar. También hay una persona que viene con su nieto y no tiene donde vivir. Lo lleva a la escuela pero ellos duermen acá porque es más seguro”.

Por Carolina Amoroso